¿Alguna vez paraste la lluvia? Hoy me levanté pensando en el mundo y en su gente. La angustia colmó mi alma. Afuera las nubes se cerraron en círculos. Escuché una canción en la radio que hablaba sobre el hambre, la pobreza y las armas. La nubes se volvieron grises y descargaron su furia. Un periódico informaba sobre actos terroristas en Birmania, la ridícula muerte de un actor de cine en la plenitud de su carrera, un accidente automovilístico que se llevó varias vidas, una toma de rehenes en Buenos Aires que terminó en tragedia, un docente muerto en una protesta, una foto con la cara de un niño indígena reclamando por la vida en armonía con la naturaleza. La lluvia golpeó con fuerza de tambores las ventanas de mi cuarto. En la TV sonaba una canción de amor como cortina publicitaria. La nostalgia se apoderó de mí. La lluvia amainó apenas un poco, sonando como una cascada. Pensé el mundo, y me convencí de que no somos sino el resultado de nuestros actos, de que aquello que una vez alguien imaginó, otro lo podía convertir en realidad. Las nubes seguían ahí y apenas si caía una gota de agua. Lancé en silencio un grito al cielo para que parara el sufrimiento de tantos que se lo infligían a otros y a ellos mismos. Se secaron mis lágrimas. Paró la lluvia, se apartaron las nubes, salió el sol. Al otro lado del mundo una voz se alzó para reclamar por el fin de tantas calamidades y acabar de una vez y para siempre con los males de la tierra producto de nuestro propio egoísmo e incomprensión del dolor ajeno. Por eso, cada vez que lloran las nubes, las aparto con un mantra. Y cada vez que cae la lluvia la detengo en su caída apartando las lágrimas de aquel que llora por las heridas de los que sufren. Si alguna vez paraste la lluvia es que tienes el poder de remediar el mundo y ni siquiera lo sabes. Hoy me pregunté qué pasaría si alguien parara la lluvia para siempre. Y por eso, convencido y determinado, decidí que era tiempo de parar tus lágrimas. Las de todo el que sufre de manera innecesaria. Hoy, he parado la lluvia. ¿Y tú? ¿A qué esperas para, también, hacerlo? Tienes el poder, y deberías saber que cuando la lluvia, por fin, se detenga habrán cesado los males del hombre sobre la tierra. ¿A qué esperas? Ese día es hoy.

© Federico G. Rudolph, 2013

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