DSCF6554Miedo innecesario

Son increíbles, y de los más inverosímiles, las cosas que se les ocurren a ciertas y determinadas personas cuando dejan vagar su imaginación. Juan era una de esas personas. Le sucedió un domingo, una noche cerrada de verano, como a eso de las 3 de la mañana.

Más temprano, aprovechando que el lunes era feriado, había decidido quedarse hasta tarde en lo de su novia, Juana. Muchas veces, Juan, salía antes del horario de cierre habitual de su taller con tal de pasar más tiempo al lado de su amada. Cualquier excusa le era válida con tal de estar con ella.
Esa noche marchaba muy despreocupado por el costado de la ruta, a paso lento, camino a la residencia de sus padres, adonde él vivía. Una casa ubicada a unos cuatro kilómetros de distancia de allí —o, lo que era lo mismo, un poco más de media hora de caminata.

Había realizado ese recorrido innumerable cantidad de veces y nunca se había topado con nada inusual en el trayecto. Pero esa noche, por algún motivo, observó, cuando, todavía, le faltaba recorrer un kilómetro, para poder llegar a su casa, que el último tramo de la ruta se encontraba sin luces.

Mientras caminaba sintió que el sabor, el calor y la humedad de aquellos labios —los de Juana— sobre los suyos, comenzaba a desvanecerse. Otras sensaciones lo embargaron y embriagaron, transportándolo de un sueño de amor a otro muy distinto, siniestro y espeluznante, dejando volar su imaginación . . .

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