DSCF6553La voz detrás de las paredes

Eugenio se encontraba durmiendo en su cuarto, y su cabeza reposaba debajo de la almohada, como era habitual. La frescura de las sábanas se reflejaba en su apacible rostro. Sus pies colgaban fuera de la cama, ayudándole a refrescar su cuerpo ante el suave calor del verano. Era un viernes trece de enero. La Luna se había escondido temprano, y la oscuridad reinaba en la noche.

A las 2:05 de la mañana, una voz que parecía salir de las paredes lo llamó por su nombre:

—¡Eugenio! ¡Eugenio! —Insistió la voz varias veces.

Con los párpados pegados y esa sensación de no poder abrir los ojos como cuando uno quiere despertarse antes de tiempo, Eugenio, trató sin éxito de averiguar quién lo llamaba y de dónde provenía aquella voz apenas conocida, profunda, escasamente perceptible.

Tanteó sobre su mesita de luz queriendo encender el velador. Pero lo único que consiguió fue tirar al piso un bollo de papeles, su celular nuevo, un llavero y un vaso de vidrio vacío que había dejado allí antes de acostarse. Por suerte, la alfombra de la pieza amortiguó el ruido y evito una tragedia. Viendo que no lograba nada, cejó en su intento de encender la luz e, intrigado, y un poco molesto, optó por responder a quien le hablaba:

—¿Quién anda ahí? ¿Papá, eres tú? ¿Pasa algo malo? ¿Qué hora es?

La voz no se hizo esperar:

—¡Eugenio! ¡Soy yo! Tu hermano. Pablo.

—¡Pablo! Pero…, ¡si tú estás muerto! . . .

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