cuentos poco conocidos

Presentación del Libro “De Amores y de Locos” en la ciudad de La Falda

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El 19 de abril de 2013, en el Salón “Leopoldo Marechal” (Ex Bingo) de la ciudad de La Falda (Provincia de Córdoba, Argentina), tuvo lugar la Presentación del Libro “De Amores y de Locos” del escritor cordobés Federico G. Rudolph.

El evento contó con la presencia de público amigo y representantes de Instituciones locales (Dirección de Cultura de la Municipalidad de La Falda, Junta de Historia de ciudad de La Falda, Sociedad Argentina de Escritores (SADE) Seccional Punilla, Biblioteca Popular “José Mármol” de Valle Hermoso, Biblioteca Popular “Babel” de La Falda, Biblioteca Popular Sarmiento de La Falda y Biblioteca Popular “Leopoldo Lugones” de Villa Giardino); además del canal de Televisión TDC. La presentación estuvo a cargo del Locutor Oscar Boland, oriundo de la localidad de Valle Hermoso.

Durante el transcurso de este solemne y breve acto, se realizó la presentación del autor y su obra, se hizo entrega de varios libros a las Bibliotecas presentes, hubo lectura de textos del autor, sorteo de ejemplares entre el público presente, una muestra de libros y trabajos del autor, un panel de preguntas y respuestas, firma de ejemplares y un pequeño brindis.

Federico G. Rudolph firmo de puño y letra más de veinte ejemplares de sus libros (no sólo del título que presentaba en esta oportunidad, sino también de otras de sus obras).

La convocatoria, llevada adelante por el autor y promocionada a través de los Medios de Comunicación locales, reunió a unas cincuenta personas dentro de la Sala de Conferencias preparada para tal fin, siendo todo un éxito y colmando ampliamente las expectativas esperadas sobre este evento. Un arduo trabajo que llegó, felizmente, a su fin y que logró, plenamente, sus objetivos.

Para contactarse con el autor o por pedido de ejemplares (autografiados):

E-mail: federicogrudolph@gmail.com

Crowdfunding: En qué consiste el Financiamiento Colectivo

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Desde no hace mucho encontramos en Internet diferentes Portales de Crowdfunding o de Financiamiento Colectivo. Su objetivo no es otro que el de posibilitar el desarrollo de Proyectos específicos en diferentes áreas a través de la recaudación de fondos por parte de múltiples interesados, con el aporte de sumas mínimas.

Ideame

Muchos de estos Sitios Web comparten una serie de reglas que el creador de la idea debe cumplir antes de ver realizado su sueño. Desde la edición de libros de autores noveles en pequeñas tiradas hasta el desarrollo de algún producto innovador, casi todo es válido de llevar a cabo por intermedio de esta nueva especie de mecenazgo en masa (o micromecenazgo, como suele llamarse).

Lo interesante de este nuevo paradigma de apoyo económico a ideas, que de otro modo no verían nunca la luz, es que trabajan a cambio de recompensas definidas por los mismos creadores (cabe aclarar que, aproximadamente, sólo el 20% de los proyectos presentados son aprobados para que puedan alcanzar la financiación buscada).

Así es, los mecenas no han muerto; sólo que ahora cualquier persona en cualquier parte del mundo con apenas unos dólares en su cuenta bancaria o su tarjeta de crédito puede aportar libremente para que otros vean concretadas sus ideas en el corto plazo.

Como reglas básicas, se busca que el autor de la propuesta cuente con una amplia red de contactos y que, una vez aprobada la idea, la difunda de manera masiva. Facebook y twitter son las dos redes sociales más utilizadas para este propósito.

Otra característica es que se debe alcanzar la suma buscada o superarla para poder acceder a los fondos recaudados. Esto se funda en dos motivos (comprensibles ambos); pues si no se alcanza a recaduar el total necesario para llevar adelante el proyecto significa que: 1) la idea no es lo suficientemente interesante; o 2) habría que bajar la calidad del producto final al no contar con el presupuesto suficiente. Por ello, no sólo se necesita la aprobación previa de cada proyecto (a los efectos de determinar su factibilidad), sino que el éxito se consigue al alcanzar el monto económico total. La difusión de cada proyecto es clave.

Tal como reza en la página de ideame (el Portal de Crowfunding más importante de Latinoamérica) podemos decir que son espacios donde, gracias al financiamiento colectivo:

  • Creadores presentan ideas que necesitan financiamiento;
  • Colaboradores descubren, financian y ayudan a compartir esas ideas;
  • Entre todos, generamos impacto social, educativo y económico.

A ello podemos agregar que el término Crowdfunding (“crowd” en referencia a “mucha gente”, y “funding” en relación a “financiamiento”), remite al financiamiento colectivo o financiamiento en masa. Es decir, un gran grupo de personas aporta pequeñas sumas de dinero, para concretar el objetivo económico planteado y lograr concretar una idea en una realidad.

Si están buscando financiar sus propias ideas, pueden probar en alguno de estos 20 Portales de Crowdfunding. Parte del éxito consiste en buscar el que mejor se adecue a nuestro Proyecto:

http://idea.me
http://www.universocrowdfunding.com
http://www.megafounder.com/es
http://gambitious.com
http://www.yuujoo.com
http://www.kickstarter.com
http://www.pledgemusic.com
http://sosmusica.es
http://www.montatuconcierto.com/pg/main/index
http://www.crearock.es
http://www.verkami.com
http://www.lanzanos.com
http://goteo.org
http://alternativa.bananacash.com.ar
http://www.proyectanos.com
http://www.injoinet.com
http://www.funding4learning.com
https://www.thecrowdangel.com
http://www.inverem.es
http://www.latahonacultural.com

Y hay muchos más (se han contabilizado más de 200 Sitios de Crowdfunding a nivel mundial).

© Federico G. Rudolph, 2012

Corazón de Piedra

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“La belleza, la locura, el terror y el amor se entremezclan en una danza sensual y frenética capaz de conmover al más quieto de los corazones”.

Este relato de terror lo encontrás en “Cuentos poco conocidos Vol. I” que lo podés descargar gratuitamente desde: federicorudolph.bubok.es. Otras antologías que podés descargar desde allí: “El Rendar”, “De Ángeles”, “De amores y de locos”. 41 cuentos fantásticos.

Se decía que su belleza podía hacer vibrar el corazón de la más inmóvil de las estatuas. Quiso comprobarlo allí donde abundaban las efigies más imponentes del mundo última morada de los antiguos y desaparecidos dioses: El British Museum of London. Se paseó entre reyes y momias; entre Zeus, Prometeos y Apolos. Recorrió Gales, Tebas, Ur, Benin, Nínive, Tenochtitlan,… Lo hizo a plena luz del día, al tiempo que danzaba en medio del público, vestida de gasas y tules; entre miradas de sorpresa; incomprendida; refulgente y hermosa.

La música surgió de ninguna parte. Las puertas del museo se cerraron. Los miles de turistas que visitaban las inmensas galerías quedaron atrapados. Se esparció el temor. Las personas comenzaron a gritar y a correr sin sentido de una parte a otra. Ella se movía al son de la música.

Un ruido de lanzas golpeando contra el suelo, de espadas de bronce y acero chocando contra escudos de madera y ruin metal, aturdió a la multitud. Tambores de piedra se unieron a un coro de voces profundas y pétreas. La gente quedó paralizada. La estruendosa y delirante cascada de sonidos aumentó en amplitud y locura.
El miedo postró al público. Presagio del terror que se avecinó inmediatamente sobre ellos. Sólo aquella hembra de ojos y cabellos azabaches, de tez blanca como la nieve, continuó deslizándose por los corredores a la vista de los infortunados que observaban su baile sensual y frenético.

Las estatuas se pusieron de pie y alzaron sus armas. Volvieron a la vida y lucharon ferozmente unos contra otros: Hermanos contra hermanos, príncipes contra reyes, dioses contra dioses y semidioses. Brazos, piernas y cabezas rodaron por doquier. Hombres, mujeres y niños allí presentes sollozaron en medio de la batalla y padecieron aplastados. La sangre manchó los pisos. Aquellos renacidos de la piedra y del bronce pisaron los cráneos y los cuerpos. La desesperación se alzó en un solo grito que quebró el silencio más allá de las paredes del museo. Era el grito de la muerte cerniéndose sobre Londres.

Tezcatlipoca (El Espejo humeante), se alzó en su forma más negra y acabó con todos quienes quedaban aún en pie sin consideración alguna. Estatuas y humanos perecieron por igual. El destructor del mundo derrumbó las paredes del museo y se alzó a la altura de las nubes propagando su odio y su cólera por las calles. La muerte asoló la ciudad. No quedó piedra sobre piedra. Ruinas, sangre y humo fueron las ofrendas de amor del más antiguo y perverso de los dioses dueño de un corazón endurecido como piedra a la más exquisita y atractiva de las mujeres de la tierra. Ella le miró y le sonrió extasiada y complacida: Se decía que su belleza podía hacer vibrar el corazón de la más inmóvil de las estatuas.

© Federico G. Rudolph, 2012

Entrevista a Federico G. Rudolph – por Claudia Cepeda

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Entrevista realizada por la Periodista Claudia Cepeda al escritor argentino Federico G. Rudolph. Nota realizada el día 10 de septiembre de 2012 en la localidad de La Cumbre, Córdoba (Argentina).

Luego de una breve introducción a su libro, “De amores y de locos”, Federico G. Rudolph nos habla sobre cómo incursionó por primera vez en la narrativa, sobre la relación que existen entre sus escritos y los problemas políticos y sociales de la actualidad, acerca de sus sueños como escritor y nos relata algunos pormenores de su última antología.

El escritor oriundo de la localidad de Huerta Grande (Argentina), es nieto del extinto ex Intendente Juan Francisco Rudolph (Personaje querido y muy bien recordado en la zona por su austeridad y por la excelencia de su gestión). Considerado también como un intelectual, “Don Rudolph” (tal como era conocido por los lugareños), fue Intendente de las localidades de Huerta Grande y Valle Hermoso, Secretario de Obras Públicas de la ciudad de la Falda, Fundador y Director del Museo Municipal “Capitán Juan de Zeballos” de la localidad de Valle Hermoso y autor del libro “El Camino Real o de los vallistas” (muy utilizado como material de referencia y consulta por los aportes que hace al conocimiento de la historia de los pueblos de esta parte de Punilla). Un verdadero ejemplo para los políticos y ciudadanos de hoy.

El escritor lo recuerda vívidamente y nos cuenta que sus propios pensamientos han sido influenciados por los de su abuelo. Los que transmite en muchas de sus obras literarias y comentarios de opinión. En esta nota nos habla un poco sobre ello.

Sobre Federico G. Rudolph y su obra:
www.facebook.com/groups/259972327445848
www.deamoresydelocos.com.ar
www.facebook.com/DeAmoresYDeLocos
federicogrudolph@gmail.com

Para comunicarse con Claudia Cepeda:
TE: (03548) 15570178
E-Mail: cepedaclau@hotmail.com

Cómo me convertí en el mayor Best Seller del mundo (Una historia autobiográfica,… o casi)

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Un escritor desquiciado puede llegar a convertirse en cualquier cosa que desea, sin importarle las consecuencias. A su imaginación, le sumará los hechos que crea necesarios para lograr cualquier propósito. Si el escritor es un psicópata en potencia, el resultado, puede ser imprevisible (nadie sabe lo que realmente se esconde detrás de una mente de esa naturaleza)…

Biblia del DiabloLa idea de cómo me convertí en un Best Seller no les será para nada extraña. A cualquiera de ustedes se les podría haber ocurrido antes que a mí: Una idea tan simple que pasaba por completo desapercibida (como todo lo simple). Antes que cualquier otro autor se diera cuenta de las posibilidades y probabilidades que existían de pasar de ser un completo extraño poco conocido, a convertirme en el escritor de mayor venta en el mundo (y otros mundos), y no bien apenas me pasó por la cabeza, puse manos a la obra sin perder un minuto de tiempo (como dice el dicho: “el que pega primero, pega dos veces”).

Sin un centavo en el bolsillo y viendo que la última edición de uno de mis libros no se vendía (una por demás excelente y poco trillada novela de acción, suspenso, y humor; que incluía alguna que otra escena de vampiros, hombres lobos y demás seres sobrenaturales), ofuscado porque nadie leía mi obra (la que considero excelente, por supuesto), a excepción de las 10 copias que regalé una tarde luego de pasar casi cuatro horas sentado en una aclamada librería de la ciudad, en espera de firma de ejemplares, es que decidí hacer lo que ustedes, seguro, se imaginan: ¡quemar todos mis libros!

A punto de hacer este hecho realidad, este pensamiento radical activó inmediatamente la parte creativa de mi cerebro; no para impulsarme a escribir una nueva y genial obra de acción, intriga o misterio; sino, recordándome primero cómo había surgido la tradición de la “quema de libros” en otras épocas, y en segundo lugar quiénes eran los responsables de aquello. ¡Nada más lógico! La Iglesia venía guardando durante seiscientos años el secreto de la clave de cómo convertir un libro en Best Seller. ¡No entiendo por qué no se me ocurrió antes!

Si se ponen a pensar, La Biblia es el libro más vendido del planeta; tratar de determinar la cantidad de ejemplares editados, es imposible; pero, como dato, sepan que esta obra (desde que Gütemberg inventó la imprenta de tipos móviles), ha sido traducida a más de 2.300 idiomas y repartida por cada rincón del planeta. La primera edición (que no era de bolsillo, justamente), constó nada más de unos 180 ejemplares (según dicen).

¿Cómo pasar de 180 ejemplares a millones de ellos en 600 años? Muy fácil: Publicidad es la respuesta. Imagínense, cada cura en cada Iglesia del mundo cristiano, hablando y alabando todos los domingos y fiestas de guardar (en algunos sitios, todos los días) los beneficios de leer: “La Biblia”. No sólo eso: obligándolos a hacerlo. ¡Terrible! Y por demás lógico y simple.

Díganme si no miento: ¿Quién, aunque no más sea por mera curiosidad o por sólo vanagloriarse de que tiene una en su biblioteca, no ha comprado un ejemplar de ella? Pocos serán los que nieguen esta pregunta. Hasta los ateos y agnósticos necesitan adquirirla para poder sostener y fundamentar sus teorías (las que no vienen al caso, y que son por demás conocidas).

¡Ah, mis queridos lectores!: El pensamiento me quemaba la cabeza. Urdí mi plan y lo llevé a cabo. Genios: ¡Ríndanse ante mí!

Me llevó cuarenta y dos años lograr mi propósito; y no debería contarles como lo hice, pero mi ego es más grande que yo, y necesito gritarlo a viva voz: “¡Contemplen al mayor Best Seller del mundo!” Sí, así es, he vendido más copias de mi libro, que lo que se ha vendido de ejemplares de La Biblia en toda la historia de la humanidad. ¿Cómo lo hice? Pues, a estas alturas, y conociéndome como me conocen, todos ustedes deberían saberlo muy bien. De todos modos, se los quiero explicar; paso a paso, y con lujo de detalles.

Como dije, hace cuarenta y dos años atrás; agotado por la frustración, puse en marcha mi, para nada descabellado, plan. El primer paso: ¡Quemar La Biblia!; o en otras palabras, hundir para siempre a la competencia.

Ustedes sabrán si lo logré o no (¡Como no saberlo!). Todo comenzó un domingo 24 de diciembre, cuando un mensaje anónimo fue a parar a más de mil diarios de todo el mundo anunciando la llegada de un nuevo mensajero de los dioses. La noticia se desperdigó de inmediato, causando gran revuelo en todas partes. “No por casualidad”, decía la nota, “un cometa de proporciones apocalípticas se dirige a la Tierra y chocará con ella dentro de un año”. “El avistamiento ha sido constatado por varios centros de investigación astrofísica, entre los que se destacan las prestigiosas universidades de Miskatonic,…”, y continuaba con una lista de centros de altos estudios y datos astrofísicos.

Cómo fue que se hizo presente un cometa en el justo momento que lo necesitaba parece no tener sentido; la verdad es que pasé más de un año leyendo sobre estos astros y sus avistamientos. Adquirí varios libros sobre el tema, me hice asesorar por algunos expertos, compré un telescopio pequeño y esperé. Apenas lo hube visto, no tuve más que anunciar mi hallazgo en la prensa. El avistamiento era correcto. Sólo que me aseguré de no aparecer como el autor de la nota enviada a los observatorios y a un par de periódicos amarillistas (nadie se enteró nunca de que fui yo quien descubrió el fenómeno). Ya lo dijo Arquímedes un tiempo atrás: “Dadme un punto de apoyo, y moveré el mundo”. Y así fue. La noticia fue convertida rápidamente en el suceso del momento, una tragedia para algunos, esperanza para otros, incredulidad para muchos.

Mi plan, había dado inicio y ya no podía volverse atrás.

Como escritor, analicé el tema y escribí las primeras líneas que explicaban la aparición del cometa en nuestro tiempo. Ahora todo el mundo leía sobre ello. No fue difícil hacerles creer el cuento a mis lectores de que algo estaba por venir. De a poco, construí un sistema de pensamiento que unía todas las religiones existentes en una sola, mezclando elementos sobrenaturales, épicos y leyendas urbanas de distintas culturas ancestrales. No me costo mucho. En menos de catorce meses mis libros se vendían como pan caliente y fui invitado a cientos de entrevistas televisivas, radiofónicas y de distintas revistas (como parte de mi estrategia, elegí aquellas de mayor audiencia y preferentemente que hicieran un show de todo lo que presentaban).

En poco tiempo más, algunos comenzaron a llamarme “El Profeta de nuestro tiempo”. Si hubieran sabido de mis intenciones, no lo hubieran hecho.

De escritor, pasé a convertirme en adivino. Ser un predicador de Dios, fue el paso siguiente y obvio. A pedido de mis fieles seguidores, cree la “Primer Iglesia del Cometa de Dios”. Se que el nombre suena a cursilería pero organicé una especie de votación a puertas cerradas, y ese fue el más elegido por mis devotos. “El Péndulo de Foucault”, una obra maestra en su género, me sirvió de inspiración para darle forma a esta nueva religión (a veces, copiar a otros autores, es lo mejor que podemos hacer como escritores de nuestras propias historias).

Pero, ¿cómo fue que derribé a La Biblia? Esperen, ya falta poco para llegar a eso.

El poder que se adquiere siendo dueño y parte de un túmulo de gente (o de sus almas, mejor dicho), es mejor que cualquier droga que ustedes puedan probar. La sensación es indescriptible; los beneficios que trae, únicos. Paralelamente a que llevaba adelante la salvación de mis fieles, dediqué tiempo en secreto a construir un ejército. Su función era, ya se habrán dado cuenta, combatir a la Iglesia, pero sobre todo, a ese terrible libro que no me dejaba dormir por las noches, la causa de todo lo que estaba haciendo, el símbolo de mis miedos, que atentaba impunemente contra mi éxito: La Biblia. El propósito último de mi ejército era destruirla por completo.

No crean que mi intención era quemarla nada más. No. Lo que quería era que todos se olvidaran de ella, que descreyeran de sus letras, que renegaran de La Biblia para siempre. Mis soldados eran guerreros con armas de verdad, pero los había periodistas, algunos que otros escritores, y sobre todo, políticos. Pero, los más importantes de todos mis hombres (y mujeres), eran los publicistas. Verdaderos artistas de la comunicación visual y auditiva. Sin ellos, nunca hubiera logrado mis propósitos.

De a poco, declaré la guerra a tan odiado libro. De a poco, ataqué su lectura. Mi propuesta era que leyeran la Verdadera Biblia, traída por el cometa que nos juzgaría a todos. La salvación estaba en sus páginas. Pero claro, tendrían que esperar a que saliera de las librerías. Ex profeso hice imprimir una primer tirada de tan sólo 100 ejemplares. Una burla para las editoriales que me ofrecían mil o diez mil copias por lo menos. Me negué. Rechacé todas las ofertas. Era la mejor de mis estrategias. La primera edición se agoto antes que saliera. Fue a parar a los medios. Los periodistas hablaban bien y mal de él. No importaba, la gente se agolpaba pidiendo una reimpresión, preguntando cuándo salía la próxima edición. Edite una, dos, tres, veinte, cincuenta, cien veces el libro; siempre, en cantidades mucho menores de lo que demandaba el público. Mi nueva obra estaba en boca de todos; la cuarta edición salió en francés, italiano, portugués, inglés y alemán. Se había vuelto mundial. Empezaba a ser famosa. Los lectores se volvían locos por conseguir una copia. Disimulada, subrepticia y simbólicamente en su interior había varios textos que invitaban a quemar la otra Biblia; lo que, milagrosamente, comenzó a ocurrir. Los nuevos curas de las Iglesia que había levantado, comenzaron a decirlo también en sus “misas”. Mi regocijo fue eterno.

Al poder espiritual le siguió el poder económico. Masas y masas de dinero iban a parar a las instituciones que fui levantando una a una. Cuando alcancé el punto crítico que al que esperaba llegar, lancé la segunda parte de mi plan: Asegurarme de que todos, leyeran mi Biblia. Entré en la política.

Como era de esperar, critiqué todos los sistemas de gobierno habidos y por haber, combatí la corrupción institucional (al menos en palabras), profería a gritos lo que debía hacer y lo que no se estaba haciendo, pisoteé a cada político que pude. Así, me gané rápidamente la confianza del público y arrasé con las elecciones presidenciales de mi país (el ascenso fue de a poco, por supuesto). Con mi Iglesia, mi fortuna y mis políticas, compré a cada persona que consideré necesaria para mi plan. Necesitaba crecer aún más. Me dediqué a voltear estados, deponer presidentes y reemplazarlos por otros nuevos. Todos, títeres manejados por hilos invisibles, a mi total merced.

En poco tiempo más (aunque fueron años), sembré la idea de un nuevo orden mundial. Por supuesto, yo era el candidato ideal para dirigir el mismo. Por poco y lo pierdo. Debí reemplazar a varios de mis publicistas que no supieron llevar adecuadamente mi campaña política hacia delante. Incluso, hubo un par que conocían mi secreto y pretendieron extorsionarme. ¡Pobres de ellos! Si los buscan, los encontrarán en el fondo de los océanos (yo que ustedes no los buscaría; podrían terminar como ellos).

Las Constituciones de cada nación de la tierra fueron cambiadas por los preceptos de mi Biblia. Me erguí en Salvador de la Humanidad, en un Dios hecho carne, en su único representante sobre la Tierra. El primero de mis preceptos: “Que no falte la Nueva Biblia en cada hogar de este mundo”.

Ahora que lo he conseguido, estoy construyendo una flota espacial para llevar “La Palabra” a otros planetas.

¡Best Seller! ¡Yo les diré cómo me convertí en el más gande de ellos!

© Federico G. Rudolph, 2012

Problema de comunicación

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Para los habitantes de un planeta puede llegar a ser todo un problema desconocer el lenguaje, las ideas y sobretodo, la idiosincrasia de un lugar que poco frecuentan. Exactamente, lo que les pasó a estos viajantes estelares…

Ciencia ficción—Mxqln, ¿cómo es posible que los nativos se enojaran de esa forma? —preguntó el oficial de la cuadrilla estelar en misión de reconocimiento a su interlocutor.

—No sé que ha pasado. Creo que tuvimos un problema de comunicación —le respondió, muy convencido, Qrxprss (los nombres eran impronunciables en nuestra lengua).

Mxqln —que sonaría algo así como Mexcalin, pero mucho más gutural o, incluso, nasal—, era el encargado de ubicar mundos donde las condiciones de vida existentes hubieran cambiado desde la última vez que pasara la cuadrilla de exploradores-recolectores. No se trataba de una raza de científicos, ni tampoco de militares. Simplemente, eran un grupo de comerciantes dispuestos a llevar sus preciados, exquisitos y únicos productos a donde ellos consideraban que serían bien recibidos —para decirlo de alguna manera, se encargaban de reponer el stock faltante en los planetas que visitaban.

Hacía algunas semanas, habían ubicado un mundo en el exterior de la galaxia QRTCVLRRT —código que le correspondía según el Catálogo Interespacial—, fichado bajo el número ..___…—— (sí, los números eran igual de impronunciables). El faro que orbitaba el planeta, desde hacía aproximadamente unos 65 millones de años atrás (en términos nuestros; porque para ellos, acostumbrados a viajar a velocidades cercanas a la luz, había pasado mucho menos que eso), y que dejaran allí a propósito hace mucho más, les envió un mensaje codificado indicando que existía un faltante de la mercadería que su carguero transportaba, justo, en ese momento.

Puesto que se encontraban en las cercanías —a apenas a un parsec de distancia (lo que para ellos constituía una nimiedad)—, decidieron darse una vuelta por allí; enviar una misión de exploración; descender con el embajador de turno y entablar comercio con los habitantes actuales.

El secreto de su éxito consistía en —una vez localizado un nuevo planeta— capturar todo tipo de seres vivos (plantas, animales, organismos unicelulares y cosas así), para luego transportarlos y conservarlos intactos en sus naves-bodega, de forma de venderlos cuando el producto escaseara en el planeta de origen.

Si pudiéramos comparar con algo aquella civilización, y la carga que llevaban, su flota era lo más parecido que pudiera existir a un Arca de Noé —Noé incluido.

¿A qué se debía la charla en que se habían enfrascado nuestros dos queridos amigos? Pues, a que había fallado por completo la venta que pensaban realizar. Necesitaban entender qué la había impedido.

Por primera vez —en cientos de miles de millones de años desde que su raza se dedicara al comercio exterior—, tuvieron que salir huyendo —con todo su bagaje a cuestas—, antes de cerrar trato alguno, perseguidos por los naturales de aquel perdido planeta, quienes se alzaron indignados contra nuestros visitantes —en apariencia, y debido a la propuesta que, Qrxprss, les acababa de realizar.

El problema surgió cuando, Qrxprss —embajador-comerciante designado de la flota—, trató de mostrar a sus anfitriones “la mercadería” que llevaban a bordo del carguero estelar, a modo de adelanto—cosa habitual en toda negociación en potencia.

Luego de descender su nave en medio de una acaudalada metrópoli —viendo que aquellas personas lo recibieran entre vítores, aplausos y con toda la pompa—, consideró, sin duda, alguna, que la presente sería una verdadera oportunidad de venta (una muy, muy, importante); o eso creyó.

Por lo que pudo entender, la especie anterior con la que solían comerciar los xtrlns —no, no voy a explicarles como se pronunciaba el nombre de su raza—, o bien había dejado de existir hacía milenios, o bien había sido conquistada por estos nuevos individuos que ahora dominaban el planeta.

Como sea, necesitaba entablar de inmediato una relación comercial con ellos.

Todo empezó bien. Al principio, lo recibieron con los brazos abiertos. Nuestro visitante, hasta llegó a cenar con la comitiva que le acompañaba a todas partes desde su llegada.

En medio de la comilona, un distinguido personaje —el que, juzgó, sería el gobernante de la ciudad— le entregó algunos presentes y lo invitó, luego de un buen rato, a que se diera a conocer y que explicara el honor de tan considerada visita; circunstancia que el recién llegado aprovechó como pie para ofrecer sus productos.

Ni bien le pidió a su propia gente que le trajeran uno de los productos de muestra, todos —incluido, y en primer lugar, el posiblemente gobernador de la ciudad—, se pusieron a discutir con él y a decirle todo tipo de cosas —irrepetibles, debo decir, por una cuestión de educación.

Qrxprss, no entendió que estaba pasando y no tuvo mejor idea que mostrarles a aquel enardecido público, otro de sus selectos y valiosos objetos para la venta, tratando de aplacar a la muchedumbre, que ya se empezaba a agolpar a  su alrededor —con las peores intenciones, debo decir—. El resultado fue desastroso: tuvo que salir huyendo de allí.

Lo que había pasado no era para nada difícil de explicar —aunque los xtrlns nunca lo supieron—. El planeta al que acaban de visitar no era otro que la Tierra. Los habitantes del planeta no eran otros que los humanos. Y la mercadería que Qrxprss trató de ofrecerles, no era otra que un tiranosaurio Rex —supuestamente en extinción—, muy vivito y coleando, que aterró al público presente. Lo segundo fue una cepa de un virus desaparecido hacía millones de años atrás, que los humanos habían podido descubrir hacía muy poco y que había causado la extinción de muchísimas especies terráqueas.

Después de todo, Qrxprss, tuvo razón. Ante semejante amenaza potencial, ¿quién no se saldría por completo fuera de sí? Sin lugar a dudas, la infructuosa venta,  y el tener que huir precipitadamente, fueron debido a un problema de comunicación.

© Federico G. Rudolph, 2012

Todo, por un café que no quería

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Un poco de humor suave para la hora del café: mi bebida preferida, ¡por lejos!,… o, quizás, no tanto…

Una taza de caféQué decirles: fue totalmente cierto y soy por completo culpable de ello. Pero, saben qué: ¡no me arrepiento!

De lo que sí me arrepentí fue de haber pedido un café en el instante que pasó el mozo por delante de mí, cargado con un jugo de naranja exprimido en su bandeja. Era evidente que lo había demandado el vecino de la mesa de al lado. Y, yo, ¡no podía permitirle que se lo sirvieran!: lo vi y me enamoré de él, lo quise, se lo arrebaté velozmente de la bandeja, lo tuve entre mis manos y lo bebí con moderación y presteza, justo, antes del revuelo campal que se armó en el bar (que lleva por nombre el apodo de un famoso navegante italiano). Evento que, seguro, da para otro cuento.

No, en realidad, nada de eso ocurrió —soy un fabulador nato—; tan sólo lo pensé y lo escribí detrás de esta servilleta de papel: Todo, por un café que no quería y que no me animé a cambiar por un jugo de naranjas.

Antes de juzgarme por mi mentira, díganme la verdad: ¿alguna vez no les ha pasado algo similar por la cabeza?

© Federico G. Rudolph, 2012

Para algunas cosas hay que tener estómago

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Una reflexión a modo de cuento, o cuento a modo de reflexión, que pude servir para estos días, tanto aquí en mi país, como en otros que se comportan de la misma manera.

TorturaEl sabor de la tortura le sabía tan dulce como una mermelada de ciruela (agria en realidad, aunque él no se diera cuenta); los coágulos de sangre que luchaban desesperadamente por tapar la herida, producto del último de los puñetazos recibidos en sus labios, le recordaban su textura. Una sonrisa, ya, sin dientes expresaba una ironía incomprensible para sus captores. Las llagas del látigo en sus espaldas le impedían que pudiera pararse erguido, quitándole altura y orgullo a su figura. Una docena de mechones en el suelo coincidían cual rompecabezas con los espacios vacíos en su cuero cabelludo. Los estertores en su garganta simulaban ser su risa.

No quedaba un espacio de piel en todo su cuerpo por golpear, electrizar, cortar, desgarrar o dónde aplicar un poco de dolor. Era evidente que el reo no confesaría. El verdugo reemplazó al torturador y, ante la burlona mirada de su víctima, le propinó un primer y último golpe en la barriga; le dolió la mano y no supo por qué (había dado contra algo duro, alojado en el interior del abdomen de aquel rebelde tan osado y atrevido, que no se dejaba dominar por el corrupto y cuasi mafioso poder de turno). Las carcajadas de ese último y verdadero líder del pueblo —próximo a morir— por fin pudieron ser oídas, así como el estallido de la bomba que llevaba en sus entrañas. La resistencia había dado un golpe fulminante al corazón de los dictadores, que gobernaban el país, con una simple explosión que voló una manzana por completo. Fuego y humo salían de aquel hueco que surgía del metal y el acero retorcidos; idéntico a la boca del infierno.

Junto a la celda de tortura de José “Escritor” —premio Nobel de Literatura— se alojaba el mayor en jefe de las fuerzas armadas (presidente de la Nación). Uno, murió tan necio e ignorante como había llegado al sillón de Rivadavia tres elecciones atrás, tras lo cual se apropió de derechos que no le correspondían, mandó cambiar la Constitución,  terminando por trastocar descarada y dantescamente la democracia hasta convertirla en una especie de Gobierno Feudal disfrazado de República; el otro, como mártir, sólo por amor a su pueblo. El intelecto, la educación y los sanos valores pudieron más que la tiranía, el terror y la opresión aquella fatídica y gloriosa fecha patria. Una placa de bronce colocada bajo su estatua lo recuerda: “Nos diste el ejemplo más duro: lo que se aprieta mucho, puede explotarte en la cara algún día”.

© Federico G. Rudolph, 2012.

Adelanto de mi libro: De amores y de locos

Enlace Posted on Actualizado enn


Adelanto de mi libro: De amores y de locos

Ya podés disfrutar de una vista previa de mi libro “De amores y de locos“. Descargalo del enlace adjunto. Espero lo disfrutes. Las novedades las encontrarás en: www.deamoresydelocos.com.ar. Hazte fan de mi obra ingresando en: www.facbook.com/DeAmoresYDeLocos. No dejes de ver la entrevista que me hicieron en el Canal TDC de La Falda (Córdoba, Argentina). Si me quieres escribir: federicogrudolph@gmail.com.

Federico G. Rudolph.

De amores y de locos

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Delirios, y alguno que otro cuento de terror

Delirios, y alguno que otro cuento de terror

Conoce los adelantos y los pormenores de mi última obra:

De amores y de locos.

Un libro que te hará estremecer. Cuentos cortos al mejor estilo de Edgard Allan Poe, H.P. Lovecrat, Stephen King,… con la marca original de Federico G. Rudolph. Relatos y pensamientos donde no faltará el humor, el terror, el misterio y algo de amor.

Con prólogo de Alexander Copperwhite.

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